Prensa Internacional: CUBA

 

 

 

CONJUNTO

Revista De Teatro Latinoamericano de Casa de Las Américas.  # 133


Mayo 2004,  LA HABANA, CUBA.


El Nica, monólogo a la izquierda (Resumen) 


Amado del Pino

 

 

 


César Meléndez y su grupo La Polea llegaron al Mayo Teatral, desde Costa Rica, con una obra extensa y ambiciosa.

 


 

El Nica se plantea la difícil situación de los emigrantes nicaragüenses y lo hace con una hondura filosófica y una variedad de matices humanos, que va más allá del desplazamiento puntual para apuntar a uno de los fenómenos más discutidos de esta arrancada del siglo.

 


 

 Mario Vargas Llosa –tan brillante escritor como controvertido pensador en el terreno de la práctica política aceptaba, en su libro El lenguaje de la pasión, que si existe emigración es porque hay empleos que el hambre de los emigrantes persigue y recordaba además que se trata casi siempre de los puestos de trabajo que los nacionales rechazan o menosprecian.

 



La vocación de denuncia se evidencia en El Nica desde antes de la arrancada de la acción. Los letreros, a manera de créditos cinematográficos, que se dejan ver en el inicio resultan abundantes y explícitos.

 


 

La solución en sí –a cargo de Cristina Bruno, responsable de la escenografía, el vestuario y la utilería, tiene algo de ingeniosa y contribuye a enriquecer la visualidad del espectáculo, aunque insiste en tópicos que el argumento reitera.

 



Cuando el personaje llega a la escena y comienza a dialogar con la representación de Dios –que lo acompaña como un objeto más de su precaria cotidianeidad, la dramaturgia de la obra se va consolidando, amplificando.

 


 

No se trata de un alegato antirreligioso, pues el emigrante bromea, discrepa, hasta insulta, pero siempre con un trasfondo de fe, con la admiración y hasta la ternura que le inspira un poder superior a sus vicisitudes y disyuntivas.

 


 

Los sentimientos contrastantes, las paradojas siguen alimentando el juego teatral cuando El Nica intercambia a la vez con su jefe y con el Dios casero. En esa zona, Meléndez trabaja con eficacia la yuxtaposición de planos dramáticos, conjuga sabiamente lo íntimo y lo social; lo pragmático con lo trascendente.

 


 

Singularmente graciosas pero creíbles se hacen las dudas del trabajador, su constante consultar que se va desvaneciendo ante el llamado de la esperanza, cuando ve abrirse una tímida posibilidad de subsistencia.

 



La relación patrón-obrero está dada con madurez.

 


La definición marxista de lucha de clases parece alimentar la visión del dramaturgo, pero asumida desde la objetividad de una realidad social lacerante.

 


 

Aunque la repetida evocación de la hija del protagonista puede recordar demasiado un recurso del melodrama, se asume con auténtica contención. El texto aborda críticamente la dualidad explotador-explotado, pero pasa enseguida a subrayar lo terrible de los prejuicios nacionalistas y racistas.

 


 

 Tal vez sería soportable para el emigrante sudar la camisa en el peor de los trabajos, con tal de hacer llegar unos reales a su familia en el país de origen. Si su vida de pobre se torna irrespirable es por la burla, el escarnio, la violencia de los que lo repudian por su condición de emigrante.

 


 

El autor de estas líneas vive en una sociedad donde el fenómeno migratorio se ha dado poco en las últimas décadas, en el sentido de recibir oleadas de personas más pobres. Sin embargo, ha visto crecer en La Habana cierta repulsión hacia los muchachos de las provincias orientales que vienen hasta la capital a pedalear en un bicitaxi o aceptar un puesto como policía. También sabe de españoles que miran por encima del hombro a cubanos o venezolanos, olvidando que a estos países vinieron sus padres y abuelos en busca de sustento o fortuna hasta mediados del siglo XX.

 



A partir de la narración-interpretación de “la escena del bar.”, la estructura de la obra se alarga. La comparación entre la historia nicaragüense y la de Costa Rica se torna didáctica. Las citas del gran poeta Rubén Darío, es un recurso que aporta belleza y consistencia en la primera parte, se acercan a la letanía, en la medida de la vehemencia en la transmisión de las ideas olvida la síntesis artística.

 

 


Como puesta en escena El Nica evidencia ligereza y soluciones bien integradas. Los elementos escenográficos aparecen distribuidos con efectividad, aunque la zona donde duerme el protagonista se incorpora poco a la acción y se mantiene en el plano de lo decorativo.

 


 

Sólida resulta, sin embargo, la ubicación de los personajes imaginarios; ágil el fluir de las diversas situaciones.

 



El fondo blanco ayuda a contrastar, a delimitar el ámbito escénico. Significativo es también el aporte de la banda sonora.

 


 

Puede hablarse de eficacia en el tratamiento de las luces, sobre todo en el emotivo y bien resuelto momento en que el personaje sufre el agónico cruce del río.

 


 

Si la puesta en escena se sostiene y el ritmo fluye a pesar de la vocación discursiva, es por el carisma de Meléndez como actor y la eficacia con que trabaja la clave tragicómica. Las traslaciones en la proyección de la voz bordean la caricatura, pero se salvan por su organicidad. Su gestualidad también se nos ofrece robusta, creíble.

 


 

El momento en que El Nica y su patrón se dan la mano está asumido con notable eficacia plástica. Otro logro del actor es la complicidad que logra en el intercambio con la deidad, basada en la creíble forma en que nos hace suponer los argumentos de su Dios. Un intérprete de estas condiciones bien pudo prescindir de los grandes y feos micrófonos que enturbian la coherencia de la imagen escénica.

 



El Nica ha puesto el dedo en una dolorosa llaga de nuestra región y el mundo. Lo ha hecho con sinceridad, desenfado, originalidad. Ojala en proyectos futuros la síntesis acompañe el talento y la tenacidad de Meléndez.

 


 

Amado del Pino. CONJUNTO. Revista de Teatro Latinoamericano de Casa de las Americas # 133    MAYO 2004,  La Habana, Cuba.

 

 

 

 

 

 

DIARIO GRANMA. 

ORGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

 

CULTURA

ACOTACIONES

Viernes 14 de Mayo 2004.  Año 8.  Número 135

 

Flores y Razones de Mayo (Resumen)

AMADO DEL PINO.


 

 

Un momento especialmente conmovedor dentro del Mayo Teatral resultó la puesta en escena de El Nica, a cargo del Teatro La Polea.

 


César Meléndez elaboró, dirigió y protagonizó una denuncia escénica acerca de los maltratos que sufren los inmigrantes de Nicaragua en Costa Rica.

 


La obra va más allá y se plantea interesantes preocupaciones sobre los prejuicios nacionalistas, el racismo y otros fenómenos del mundo de hoy.

 


La crítica a la discriminación se hace evidente desde las proyecciones de la arrancada de la puesta.

 


Como espectáculo, hay un trabajo inteligente con los objetos, pero no se utiliza lo suficiente la zona de la cama del protagonista, reducida a una función decorativa hasta cerca del final del montaje.

 


Hermoso, impactante y estilizado es el momento en que El Nica atraviesa el río con su hija sobre los hombros. En soluciones como esa reina el juego teatral.

 


Si la puesta en escena se sostiene y el ritmo fluye a pesar de la vocación discursiva, es por el carisma de Meléndez como actor y la eficacia con que trabaja la clave tragicómica.

 


Un intérprete de estas condiciones bien pudo prescindir de los grandes y feos micrófonos que enturbian la coherencia de la imagen escénica.

 


De nuestra muy teatral provincia de Matanzas llegó Flores de Papel, un texto del chileno Egon Wolf, dirigido por la experimentada actriz Miriam Muñoz. La versión de Teatro Icarón subvierte un tanto la vocación intimista del original en busca de una espectacularidad que arroja hermosas imágenes. Sin embargo, el despliegue paulatino de la formidable escenografía de Rolando Estévez no se realiza siempre con efectividad. Por momentos el movimiento se torna forzado y afecta la atmósfera sentimental en que se mueven los personajes.

 


Miriam ratifica que es una de nuestras más vigorosas actrices. Su caracterización va de lo externo a lo sentimental con maestría. El joven Danilo Marichal logra sostener el duelo interpretativo, pero se repite un tanto en las situaciones de cólera y su correcto decir deja escapar algunos matices.

 


Mayo Teatral sigue contando con una respuesta apasionada de público. Nuestro espectador agradece esta oportunidad de intercambio enriquecedor.