FUNDAMENTO IDEOLÓGICO

 

Nuestros esfuerzos profesionales están encaminados, también, a intentar diariamente llegar a ser mejores seres humanos.

 

Conforme avanzamos en este atrevimiento, y al ritmo tiránico que va marcando nuestro propio desarrollo, vamos encontrando en el camino una serie de conceptos, ideas y pensamientos que, como lluvia de octubre de un país tropical, va mojando nuestros pasos y en algunos casos han sido torrenciales aguaceros que anegan por completo, hasta el punto de ahogar, ideas y conceptos con los que comulgamos durante algún tiempo.

 

Se es otra persona desde que uno tiene acceso a la información sobre las artes. 

 

Estar expuesto a la discusión de las ideas, a la exposición persistente de conceptos, al estudio constante de los valores y el despertar a la aventura de ser consecuente con los pensamientos que acompañan estos caminos ha sido determinante para colocar las bases de nuestra humilde construcción.

 

Encontrarnos apandillados con todo lo anterior, es como encontrarse con un grupo de amigos mayores, sabios, tolerantes, amorosos, dispuestos a ayudar a sostener las antorchas para iluminar el sendero de cada iniciación mística.

 

Y es así, como sin quererlo, empujados en parte por el peso de la responsabilidad y en parte por la alegría de vencer, aunque sea en medio lumen, a la oscuridad que produce la ignorancia… es así como ha sido nuestra decisión de comprometernos con algunos de esos principios, valores e ideas, hasta el tanto que no aparezcan almas generosas que nos compartan, con su amor, aquellos detalles que justifiquen la necesidad de cambiar el rumbo de los pensamientos.

 

Uno de esos pensamientos con el que decidímos ligarnos es con una idea de cultura que promueve la dignidad humana, la dignidad de los animales y la del planeta que habitamos. Otro de ellos es “la paz”

 

Ha sido, pues, nuestro deseo esforzarnos diariamente en fomentar una cultura de paz.

 

Aunque hasta el día de hoy, no hemos entendido claramente lo que es “la paz”. Y de paso, estamos en una lucha titánica interior por mantenernos en paz entre nosotros mismos, sobre todo en momentos de impotencia donde el enojo es nuestro reflejo de sensación de injusticia… Y aunque hemos tenido acceso a algunos conceptos de “paz” que más bien confesamos que nos la han quitado, necesitamos definir lo que entendemos por ella.

 

Así que, por lo pronto, mientras seguimos buscando luz para nuestra ignorancia, les compartimos, por lo menos, nuestro empeño de definir lo que entendemos por paz, a partir precisamente de lo que no quisiéramos entender por ella.

 

No quisiéramos entender por “paz” la actitud de quedarnos callados, para evitar problemas.

 

No quisiéramos entender por “paz” quedarnos inactivos (pasivos) ante lo que logramos reconocer como una injusticia, un desequilibro, un abuso, una imposición, una violación, un irrespeto.

 

Nos identificamos con la idea que expone la sabiduría del I Ching referente a que el opuesto de la paz no es el conflicto, sino el estancamiento. 

 

Compartimos la visión, aunque vayamos dando cuenta de lo dificil que es ponerlo en práctica, de desplegar creatividad para transformar el conflicto hasta llevarlo a un punto de equilibrio, en vez de enfrentarlo hasta suprimirlo. Suprimir, eliminar, destruir, son conceptos que podrían estar acompañados de violencia y no quisiéramos entender por “paz” el periodo siguiente del uso de la violencia.

 

“Nuestra mayor gloria no está en no caer jamás, sino en levantarnos cada vez que caigamos” (Confusio) Estamos raspados de las caídas que la ignorancia nos ha propinado, pero seguimos levantándonos, con la fe de no volver a caer por las mismas razones…  

 

Por la otra parte, entendemos por cultura el conjunto total de las prácticas humanas, que incluye las creativas, las artísticas, las económicas, las políticas, las científicas, las jurídicas, las religiosas, las discursivas, las comunicativas, las sociales en general, además de los significados y valores que la sociedad atribuye a esas prácticas.

 

Declaramos ser concientes que en la actualidad cohabitamos con muchas culturas todos los días. Por ejemplo aquellas culturas nacidas de la condición geográfica: la cultura del campo, la de la playa, la cultura de las montañas, la urbana, etc. 

 

Y dentro de cada una, también encontramos otras que colaboran la propia definición que las engloba.

 

Por ejemplo dentro de la cultura urbana encuentramos la de los ejecutivos, la de los oficinistas, la de los empresarios, la de gobierno, la de los religiosos, la de los políticos, la de los artistas, la de los transportistas, la cultura comunitaria, la de los marginados, la de las minorías, la cultura de la incultura, la cultura de los que tuvieron acceso a la educación y la de los que no.

 

Declaramos ser ignorantes. Y que el ser concientes de ser víctimas del encierro de la ignorancia nos ha empujado a querer salir de ella .  Por eso el principio de la investigación objetiva es una de las banderas que nos hemos comprometido en levantar.

 

Queremos compartir, a través de nuestro quehacer artístico, la luz a la que vamos encontrando acceso.

 

Un llamativo motor de búsqueda en nuestra ocupación es explorar en las causas que permiten en la sociedad los desequilibrios y conocer razones por las que aparecen otras prácticas humanas que, hasta llegan a convertirse en culturas que, como un virus,… como una epidemia, se abren paso a toda costa, por todas partes y a cualquier precio hasta llegar a convertirse en culturas dominantes y que no necesariamente están a favor de la paz.

 

Entre ellas, la cultura del individualismo, la del egoísmo, la cultura de la corrupción, la cultura del irrespeto por lo humano, por los animales, por la naturaleza y por el planeta, la cultura del racismo, la de la xenofobia, la cultura de la exclusión, la de la humillación, la cultura del tener, la del gastar, la del creer ser el mejor o la mejor, el más grande o la más grande, el más competitivo o la más competitiva, el único o la única, la cultura del tener fe en organizaciones que administran la fe, la cultura de la violencia, la del más fuerte, la cultura del terror, la cultura del vicio, etc.

 

Culturas, que a nuestro humilde modo de ver el mundo al día de hoy , y muy subjetivamente, consideramos que quebrantan el ideal de la condición humana.

 

Declaramos haber tenido acceso al concepto de la “responsabilidad social que contiene el oficio de ser artistas…de ser creadores”, a través de nuestros formadores en bellas artes y que ese “detalle”, esa “deferencia”, nos ha motivado, a pesar de nuestras limitaciones, a desarollar propuestas creativas que se sumen a los bríos de otros creadores y sectores sociales preocupados por desarrollar esfuerzos, que de alguna manera, contribuyan a transformar la realidad que compartimos.

 

Sumados a estos ideales proponemos creaciones, obras de teatro, espectáculos, guiones, poesía, cuentos, conferencias, charlas, libros y talleres, participaciones, colaboraciones, etc,  como aporte en este  Ejercicio Diario de Transformación Social®

 

Cada uno de los proyectos y personajes que desarrollamos desde TEATRO LA POLEA®  son el resultado de procesos de investigación realizados con las herramientas que brindan las ciencias sociales y contienen, necesariamente, propuestas que promueven una cultura de paz, un llamado al reconocimiento y al respeto de la dignidad humana y animal, la dignidad de la naturaleza y toda su biodiversidad.

 

Declaramos creer en Dios y creer que el arte, en cualquiera de sus manifestaciones posee una vena mística que merece el respeto en el ejercicio de su exploración.

 

Enunciamos el deseo de hacer uso del derecho de poder expresarnos con libertad a través de nuestras produciónes  y de estar a favor de las comunidades y de cualquier grupo humano que guste de transmitir información y formación en ideas que dignifiquen la naturaleza exterior e interior, acompañada de valores, de manera creativa, dinámica, entretenida y divertida.

 

Nos identificamos con la idea de trabajar diariamente para la esperanza, para el Bien Común, para el crecimiento y el mejoramiento de la condición de nuestro tiempo.